pieza audiovisual
Éxodo II [Exodus II], 2001
Gonzalo Lebrija (Ciudad de México, 1972)
Video
35’29”

The Condomino Guadalajara was built in 1963, and was the first skyscraper in that city. The twenty-six-story building, a local symbol of modernity and progress, was originally intended as a business center. With the urban expansion of Guadalajara — from the center to the periphery — little by little the building was alienated, falling into a state of oblivion. By the end of the 1990s few spaces within the building were still active, most of which were small law firms. At the turn of the new millennium, artists José Dávila, Fernando Palomar and Gonzalo Lebrija, occupied the top floor of the tower, which they initially used as a laboratory for their own practice, not only limited to visual arts, but also to music. Soon after, the artists created the Office for Art Projects (OPA) an artist-run exhibition space within that same floor. Operated by themselves in collaboration with other important cultural agents in the city, OPA had the mission of presenting exhibitions by international artists — many of which were created specifically for the site. For a decade, OPA was the first point of contact with contemporary art and with the awareness of a global art scene, for an entire generation. The insertion of such a space, in the middle of the Condomino Guadalajara, was already a contestation to the bureaucratic nature of the building. Such gesture in turn resonated with the idea of ​​institutional criticism that many national and international artists studied at the time.


In the midst of this scenario, in March 2001, Gonzalo Lebrija invited lawyers working in the building to be part of an unusual dynamic: a paper airplane contest. With this playful and satirical action, the artist allowed for a space of subversion, questioning the value of the document — the most basic unit of the Mexican judicial system. Éxodo II, is one of the several registers of the contest that Lebrija created. The half hour, still video shot captures the exterior of the Condomino Guadalajara while the tiny paper planes are thrown from the top floor. The flight of the planes, almost imperceptible in the video image, seems to occur in the middle of two temporalities. First, the time it takes for them to descend from the top of the building to the roofs of the houses in the neighborhood next to the building. Secondly, in the midst of a slow sunset, which can be perceived through the video in the subtle color changes both the sky and reflected over the building's facade. Through the comparative analysis of the scale between system and unit, between object and context, Lebrija offers a critique, one that claims for the desacralization of the document. At the same time he thinks about the relationship between the dispersion of the state´s force and artistic criticism.

El Condominio Guadalajara fue construido en 1963, y fue el primer rascacielos de aquella ciudad. El edificio de veintiséis pisos, un símbolo de la modernidad y el progreso local, fue originalmente concebido como un centro de negocios. Con la expansión urbana de Guadalajara del centro hacia la periferia, poco a poco el edificio quedó alienado, cayendo en un estado casi de abandono. Para el final de los años noventa pocos espacios del edificio seguían activos, la mayoría de las oficinas entonces eran despachos de abogados. A la vuelta del nuevo milenio, los artistas José Dávila, Fernando Palomar y Gonzalo Lebrija, ocuparon el último piso de la torre, la cual en un principio usaron como laboratorio para su propia práctica, que no solamente estaba limitada a las artes visuales, sino también a la música. Poco después, los artistas crearon en el mismo espacio La Oficina para Proyectos de Arte (OPA). Este espacio, operado por ellos mismos en colaboración con otros importantes agentes culturales de la ciudad, tenía como misión presentar exhibiciones de artistas internacionales en la ciudad—muchas de las cuales fueron creadas específicamente para el sitio. Durante una década el espacio operó siendo el primer punto de contacto con el arte contemporáneo y con la conciencia de una escena global del arte,  para toda una generación. La inserción de un espacio tal, en medio del Condominio Guadalajara, era a priori una contestación hacia la naturaleza burocrática del edificio. Este gesto a su vez resonaba con la idea de crítica institucional que muchos artistas nacionales e internacionales estudiaban entonces.  

En medio de este panorama, en marzo del 2001, Gonzalo Lebrija invitó a los abogados en el edificio a participar en una dinámica inusual: un concurso de aviones de papel. Con este gesto lúdico y satírico, el artista permitió un espacio de subversión para el valor del documento, la unidad más básica del sistema judicial mexicano. Éxodo II, es una de las varias documentaciones del concurso que Lebrija realizó sobre aquel evento, un video que captura por casi media hora una toma fija del exterior del Condominio Guadalajara mientras los diminutos aviones son lanzados al vuelo desde el último piso. El vuelo de los aviones, casi imperceptible en la imagen del video, pareciera ocurrir en medio de dos temporalidades. En primer lugar el tiempo que les toma descender desde la punta del edificio hacia las azoteas de las casas contiguas al edificio. En segundo lugar, en medio de una lenta puesta de sol que puede ser percibida a través de los cambios de color que ocurren en el cielo y sobre el edificio a lo largo del video. A través del análisis comparativo de la escala entre sistema y unidad, entre objeto y contexto, Lebrija lanza una diatriba que clama por la desacralización del documento, al mismo tiempo que piensa sobre la relación entre la dispersión de la fuerza del estado y crítica artística.