19.JUN.2020 / colección
La obra de Manuel Felguérez en el Museo Tamayo
Por: Andrés Valtierra - Curador asociado

El propósito de Rufino Tamayo al crear una colección de arte y, subsecuentemente, el museo que lleva su nombre, fue abrir líneas de diálogo sobre prácticas artísticas contemporáneas. Durante los casi cuarenta años de existencia del MT, se han multiplicado las maneras en las que las obras de arte se crean, circulan y son recibidas, lo cual ha logrado una proliferación de los modos en que las percibimos, pensamos y hablamos de ellas. Una figura clave para llegar a esta multiplicidad fue Manuel Felguérez, quien desde la década de los cincuenta se mantuvo en constante experimentación, con diversos formatos y materiales, y propuso nuevas aproximaciones a la pintura, la escultura e incluso al papel de la escenografía dentro del teatro y el cine. El trabajo de Felguérez ha estado presente en el MT en distintas ocasiones, hasta ahora de tres maneras diferentes: en su acervo, en sus salas de exposición y en sus espacios exteriores.

Por un lado, su pintura Tensión hacia tres, 1973 fue parte de la colección fundacional reunida por Tamayo, lo cual no es de sorprender si se observan las otras piezas que conforman el acervo inicial. Muchas obras —todas de autores ya consolidados— persiguen exploraciones plásticas comunes, incluso si las soluciones que proponen son distantes entre sí: investigaciones sobre la geometría y el color, así como procesos creativos alternos a los aceptados hasta ese momento. En el caso de Felguérez, este último aspecto estaba en generar la composición de la obra a partir de combinaciones casi matemáticas o sintácticas. Más adelante, el museo incorporó una segunda tela del zacatecano, Jardín del recuerdo, 1987, la cual da cuenta del regreso a una abstracción más gestual, aunque incorporando muchas de las geometrías que el artista desarrolló a lo largo de los setenta. Esta segunda adquisición muestra una necesidad de continuar ampliando lecturas entre las obras de la colección a través de las nuevas direcciones que tomaba el trabajo de Felguérez.

Por otro lado, en 1997 se presentó la exposición Felguérez: el límite de una secuencia, curada por Miguel Cervantes y presentada en conjunto con el MARCO de Monterrey. Fue la mayor retrospectiva del trabajo de este artista en diez años y reunió piezas representativas de las cuatro décadas anteriores. Contrapuso en su mismo diseño museográfico pinturas y esculturas y, quizás de manera más relevante, texturas, superficies y formatos radicalmente distintos. La obra de Felguérez es polifacética y mutó significativamente a medida que los intereses del artista se desenvolvieron. Comenzó con una abstracción que ha sido calificada como lírica y años después realizó composiciones a partir de chatarra. Más adelante pasó a numerosos ejercicios que buscaban automatizar el acto creativo. Cabe resaltar que los varios periodos de su carrera no son capítulos independientes, pues Felguérez solía regresar a investigaciones anteriores para retomar ciertas ideas y elementos pero con un enfoque renovado. La contraposición de objetos que generó la exposición hacía evidente la tensión entre piezas creadas en años diversos y, a través de ellas, entre los mismos procesos creativos que acompañaron, hasta ese momento, la carrera del artista.

Finalmente, en 2014 se presentó en la explanada del museo la escultura Crisálida: de la destrucción a la construcción, la cual consistía en la reformulación de un automóvil Volkswagen. Todas las piezas que conformaban el vehículo fueron utilizadas y ninguna más fue agregada. Esta pieza supuso una revisión de obras hechas con chatarra durante los años sesenta, particularmente el Mural de hierro, 1961, el cual fue realizado para el Cine Diana a partir de los componentes de un camión desechado. Por otro lado, existe también un juego simbólico y poético sobre las formas y sus representaciones potenciales: de ser un objeto completo ya formado, nombrado arbitrariamente “escarabajo” por su fabricante, pasó a ser un segundo insecto en mutación, una crisálida que está por emerger como un ente distinto. La transformación especulativa de la materia es un concepto primordial y recurrente en el trabajo de Felguérez. En el contexto de la presentación de la escultura, el artista comentó que “si fuera insecto acabaría en mariposa, pero como es una cosa mecánica espero que algún día acabe siendo una nave espacial”.[1]

[1] Citado en Montaño Garfias, Ericka, “Crisálida explica el significado de la transmutación para Manuel Felguérez”, en La Jornada, 1 de junio de 2014.

holi